LA INTELIGENCIA LÚDICA

JUEGO Y NEUROPEDAGOGÍA… EN TIEMPOS DE TRANSFORMACIÓN


CARLOS ALBERTO JIMÉNEZ VÉLEZ.




CONTENIDO

PRESENTACIÓN: Dr. Gustavo Wilches Chaux

INTRODUCCIÓN




LA VIDA INTELIGENTE Y LÚDICA DEL NIÑO ANTES DE NACER

El ego intrauterino
Inteligencia Primitiva
El placer de los sonidos
Procesos oníricos
La voz de la madre
Sonido del corazón
Efectos colaterales
Pedagogía lúdica desde el vientre.

MATRICES PERI NATALES

Universo Lúdico Amniótico
El sistema inmunológico – Inteligente
Protozoo Prehistórico
La emocionalidad
Zona de distensión
Opresión cósmica – sin salida
Bio-Alarmas
El encuentro con la violencia y la muerte
Excitación sexual
Sensaciones libidinosas
La cesárea
Experiencia de muerte
Separación dolorosa
Amor por todos



LA ESTIMULACIÓN INTRAUTERINA
La cromoterapia
Posturas de Imitación fetal
Intervenciones Didácticas
La música en la estimulación intrauterina.
El efecto Mozart
Los umbrales Simbólicos
Sonidos Simples y puros
Vibración cognitiva
Música y aprendizaje
La Alegría y la ausencia de tensión
Enlace sugestivo con la reserva de la mente
Unidad del conciente e inconsciente
Aprender con todo el cerebro
Técnicas de aprendizaje sugestivo
Relajación Física
Relajación mental
Plan sugestivo
Presentación activa
Práctica con el material

NEUROPLASTICIDAD EN EL APRENDIZAJE
El sueño paradójico
El cerebro crece



PRIMERAS INTERACCIONES LÚDICAS
Vínculos comunicativos
Los primeros Juegos
La sonrisa del bebé
LOS JUEGOS SOCIALES
La vida misma
¿Dónde estamos?
Información almacenada

LÚDICA, JUEGO Y RISAS
Los espacios lúdicos
Los juguetes
Los juegos, emociones y metáforas


VISIÓN HOLOÁRQUICA DEL JUEGO
Cuadrante conductual
Cuadrante de la Interioridad Humana
Las visiones
Cuadrantes Sociales y culturales
Automovimiento

LAS CUATRO FASES DEL JUEGO
Experiencia de Iniciación
Experiencia de placer y de Felicidad
Compones motrices
Senestesia
Experiencia de goce emocional multisensorial
El goce lúdico
La emocionalidad
Experiencia de descarga y de locura.
La dopamina
El rompimiento y la locura

HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE UN NUEVO CONCEPTO DE LÚDICA
Un buen útero
La lúdica y las emociones

EL JUEGO, UN UNIVERSO DE TODO LO POSIBLE

Teorías del Juego
Descubriendo el mundo de los niños
Principios cósmicos y míticos
Incierto y libertario
Didáctica del Juego
El juego del sin sentido
Flujos lúdricos

LA INTELIGENCIA LÚDICA LOS CHISTES Y LAS METÁFORAS
El origen de la metáfora
Dichos verdes
La fantasía de la risa
Risa e Inteligencia lúdica
Naturaleza social y cultural de la risa
Opiáceos cerebrales


LA LÚDICA DEL PLACER Y DEL AFECTO

Inteligencia emocional
Soporte de la conciencia y de la inteligencia lúdica
La felicidad

LA LÚDICA DEL PENSAMIENTO METAFÓRICO
Lenguaje poético
Metáfora – hogar
Comparaciones
Una por otra



JUEGO, INTELIGENCIA Y CIUDAD
Complejidad ciudadana
Las cartografías
Planificación Urbana

LUDOTECAS INTELIGENTES

Espacios lúdicos
Selección de juegos y juguetes
Otras alternativas de ludotecas
Ludotecas móviles
Ludotecas itinerantes
Chicotecas - bebetecas lúdicas
Los Juegos tradicionales en las ludotecas
Juegos tradicionales en una ciudad colombiana
Mundos Posibles
Juegos de Azar
Lo negativo

CIUDAD LÚDICA, ERÓTICA Y AMOROSA
Perversiones primitivas

APÉNDICE

BIBLIOGRAFÍA
DATOS DEL AUTOR



A la primera escuela a la que asistí…el vientre de mi madre, donde aprendí a jugar, reír, amar y a comprender el mundo.


PRESENTACIÓN


Un libro mío, La Letra con Risa Entra, tuvo el privilegio de encontrarse con Carlos Alberto Jiménez antes que yo. En ese libro Carlos Alberto se dio cuenta de que yo citaba profusamente –casi más bien: “parasitaba”- a un escritor uruguayo llamado Raimundo Ángel Dinello, autor de un libro sobre el juego que, cuando lo leí, me encantó.

Resultó que Raimundo era amigo y compañero de andanzas y preguntas de Carlos Alberto, y él (esa mención) nos presentó. Aunque, a decir verdad, yo todavía no he conocido personalmente a Dinello. Sin embargo, cuando un día, creo que en Pereira, nos conocimos personalmente con Carlos Alberto por primera vez, ya éramos viejos amigos. (Cabe aclarar que antes nunca habíamos conversado, ni tampoco existía en aquel entonces internet).

Desde ese momento (o a lo mejor desde antes, vaya uno a saber) comenzamos a encontrar que entre nosotros existían una serie de resonancias, de sincronicidades. Una complicidad. Seguramente derivada de nuestra condición de hombres de provincia, que con periscopios de fabricación casera, nos empeñamos en buscar, desde nuestras respectivas provincias, cómo es el Universo más allá. En defender ese que yo he denominado “derecho a la provincia, pero con visión planetaria”, y que sigo ejerciendo diariamente, a pesar de que desde hace un lustro largo vivo en Bogotá. Porque la provincia es una forma de ser, una decisión política, un estado mental.

Debido a esa complicidad, si me hubieran pedido una presentación “objetiva” del libro “La inteligencia Lúdica” que Carlos Alberto Jiménez acaba de escribir, me habría tenido que negar. Afortunadamente nadie le puso cortapisas a mi subjetividad. Creo, además, que la ya larga bibliografía de Carlos Alberto, los varios libros que ha publicado sobre: juego, lúdica, creatividad, neuropedagogía, recreación, en general, sobre la alegría de vivir y el placer de aprender, hablan por sí solos sobre la enorme seriedad con que su autor aborda el tema del juego. Para ser más exacto: con que Carlos Alberto Jiménez –un hombre más bien solemne en su ademán- ha convertido al juego en el eje central de su proyecto de vida.

En este nuevo libro, que dedica “a la primera escuela a la que asistí... el vientre de mi madre, donde aprendí a jugar, reír, amar y a comprender el mundo”, Carlos Alberto continúa su incursión por territorios que, precisamente, comienzan en el vientre materno y llegan hasta la ciudad... Hasta esa ciudad utópica pero no imposible (de alguna manera Jiménez propone los términos de referencia para su construcción), a la que él califica con los tres adjetivos “Lúdica, Inteligente y Erótica”, quizás para responder, aunque sin descalificar, esos otros tres adjetivos -“Morena, Querendona y Trasnochadora”- con que se suele identificar a Pereira, su ciudad terrenal.

En éste, Carlos Alberto avanza también en el diseño de los planos mentales de esa ciudad. Y digo “avanza”, porque es un trabajo acumulativo, en el que el autor viene empeñado desde varios libros atrás. Él llama a esos planos, “cartografía holoárquica” y a través de ellos intenta ubicar los distintos espacios de encuentro en donde se crean mutuamente el individuo y su ciudad, convertida esta en una nueva dimensión del vientre materno de donde partió, como el dragón Ouroboros, que se muerde la cola.

Por las calles de esa ciudad se pasean científicos sociales, sicólogos, epistemólogos, artistas, físicos, biólogos; y con ellos Jung y otros grandes nombres de la sicología transpersonal: todo el que, en concepto de Carlos Alberto, puede aportar a la construcción de su ciudad. (A mí mismo me ha hecho el honor de ponerme a compartir vecindario con respetables autores). Los libros de Carlos Alberto Jiménez son el fruto de una minuciosa y exhaustiva investigación, en la cual ninguna pista posible se queda sin explorar.

Carlos Alberto tuvo la gentileza de enviarme su libro, todavía en borrador. Yo lo comencé a leer, y a medida que avanzaba iban surgiendo preguntas, inquietudes, razones para debatir y, en algunos casos, reforzar o discrepar. Yo iba tomando las notas correspondientes para debatirlas “después” con el autor, pero a medida que avanzaba en la lectura, me salió al camino un juego que vale la pena relatar: dos o máximo tres páginas después de cada anotación, aparecía la referencia que a mí me habían hecho falta, la respuesta a la pregunta (o la misma pregunta) que yo me acababa de formular, la cita exacta que a mí me había parecido que quedaría bien allí, el argumento para rebatir, y a veces para compartir, mis discrepancias con el autor. Como si el texto, de alguna manera, me estuviera leyendo la mente, o como si Carlos Alberto, deliberadamente, hubiera llenado el camino de piedritas de colores, para obligarme a seguir un rastro determinado, al final del cual, indefectiblemente, iba a estar una sorpresa esperándome. Pienso que el libro no fue escrito deliberadamente como un juego (ya dije que Jiménez es un hombre solemne, en el mejor sentido de la palabra) sino, más bien, que el autor ha incorporado tanto el juego a su subconsciente y, en consecuencia, a su identidad, a su seriedad, que le resultaba inevitable dejar en el camino esas huellas seductoras para ponernos a jugar.

Al igual que hice en algún momento con Dinello, quiero “parasitar” ahora a Fernando Savater, en cuyo libro autobiográfico (“Mira por Dónde” ), incluye un capítulo sobre el juego que –lo dije entonces y lo repito ahora- transcribiría entero, si no me pusiera en aprietos la legislación sobre derechos de autor. Creo que las palabras que siguen de Savater (y las que no siguen) son la mejor presentación para este libro de Carlos Alberto Jiménez:

Si alguien asegura en contra mía que nunca he hecho en mi vida otra cosa que jugar, me temo que no podré desmentirle. (...) Pero me atrevería a hacerle algunas precisiones de matiz sobre lo que entiendo por “jugar”. En mi concepto, lo esencial del juego nunca estriba en el desnudo afán de competición o en la voluntad avasalladora de ganar. Tampoco consiste en demostrar fehacientemente algún tipo especial de habilidad, ni en una apertura desprevenida a los caprichos del azar, ni por supuesto en un ánimo festivo o ligero, de mero pasatiempo (nada es más grave que el pasar del tiempo). Si se me conmina a ello, reconozco que esos rasgos -en mayor o menor medida- suelen estar siempre presentes en gran parte de los juegos, aunque afortunadamente no en todos, sin agotarlos nunca ni constituir su verdadera entraña: del mismo modo que las casas acostumbran a tener techo, suelo, puertas y ventanas, pro ni el más descuidado identificaría tales ventajas con lo propio de un hogar.

Cuando los que ya peinamos canas (o tenemos cada día menos que peinar) hablamos de juegos, nos referimos prioritariamente a los esparcimientos lúdicos de los adultos, acicateados por los premios o sobornados por la conquista de prestigio. En cualquier caso dóciles al reparto del tiempo entre trabajo y diversión, entre producción y derroche, entre lucha por solventar lo necesario y ocio para recuperarse del esfuerzo. Si en cambio atendemos al ejemplo de los niños vemos que en sus aplicados ejercicios espontáneos competición, azar, habilidad, victoria o derrota son siempre meros ingredientes de un empeño simbólico que se recompensa ante todo a sí mismo en su trámite, no en su resultado. El niño nunca juega “para” conseguir algo (hasta que las aclamaciones de los espectadores adultos le pervierten) ni tampoco contrapone el tiempo del juego al de la necesidad: jugará también a tomarse la aborrecida sopa. Para los niños, el juego es la forma de comprender la vida y también el mejor modo de desatender sus urgencias, desentendiéndose y sobreponiéndose a ellas. Por medio del juego se crea una maqueta manejable y simbólicamente estilizada de nuestras tareas, nuestros deseos y nuestras frustraciones. No sólo es un aprendizaje para la vida, sino una posibilidad de vivir con menos contraindicaciones y con un amable realce poético empeños que en la realidad suponen mayor agobio. En fin que el juego –para los herederos adultos del ánimo infantil- es el mejor modo de vivir, no el mejor modo de pasar el rato. De este modo creo haber jugado yo siempre, a todo: así jugué a escribir, a filosofar, a ser profesor, a enamorarme, a hacer política y jugué en la cárcel, en las aulas, en los salones encumbrados y en tabernas populares. He jugado a llorar y a reír, a ser padre, a ser huérfano. Todo ha sido profundamente real, aunque siempre jugando. Nada he agradecido tanto como encontrar compañeros de juego, pero nunca creo haber jugado a costa de los demás, aunque quizá, quién sabe... ¡perdón, perdón! Juego a mis expensas, hoy a envejecer, mañana a morirme y en todos mis juegos sólo habré ganado, al final, la suma de mis pérdidas.

Con el sabor todavía fresco de las palabras de Savater, os invito a jugar a que viajamos por el libro de Jiménez. Nos encontramos al final.
Gustavo Wilches-Chaux
Bogotá, Mayo 2005
INTRODUCCIÓN

La inteligencia lúdica, a través del juego y del sentido del humor prefigura todas las formas de la existencia humana y a la vez, les otorga sentido. Desde el arte hasta todas las formas de literatura, desde las ciencias hasta las nuevas tecnologías, desde la moral hasta la ética del ser humano, desde las fases embrionarias hasta sus formas más elevadas de desarrollo biológico, mental y espiritual necesitan de comportamientos lúdicos ligados con las inteligencias múltiples del ser humano.
El desarrollo de una inteligencia lúdica, que determine en el espacio y en el tiempo, hitos de felicidad, de placer, de goce y fruicción; que agregados a los actos creativos se conviertan en verdaderas explosiones lúdicas de la inteligencia humana, fueron algunas de las pautas que permitieron abordar y transitar por la posibilidad de la existencia de una nueva inteligencia.

Todo juego implica acción mental y corporal; y toda acción produce computación, por lo tanto el juego se vuelve cognitivo. Como proceso mental existe también en los animales, ya que éstos también juegan, pero como proceso cognoscitivo, sólo existe en los humanos ya que el juego permite un funcionamiento multi-neuronal (módulos), que utiliza el neo-córtex frontal, con el cual el sujeto organiza, selecciona, evalúa, predice, se adapta a las reglas, las viola o las modifica; siendo estos procesos solamente humanos debido al gran desarrollo orgánico de estas áreas corticales cerebrales que tiene el hombre y no los animales.

En el juego, al igual que en la creatividad, existen representaciones ficticias ligadas a la acción y al uso de reglas lógicas formales. Sin embargo, en el juego existe otro tipo de reglas que regulan el juego mismo y que permiten que tanto la imaginación, como la fantasía y la incertidumbre abran nuevos caminos a la mente humana. Lo anterior, permite el surgimiento de nuevas estéticas, que a través de la inteligencia lúdica origina la creación de nuevos productos para una determinada cultura. Es así, como el juego, la lúdica y las inteligencias se interpenetran para producir un estado de distensión, en el que el creador a través del pensamiento metafórico y el impulso lúdico-emotivo, soluciona problemas tanto de la interioridad psíquica, como del mundo social-cultural en que se desenvuelve el sujeto lúdico-creador.

La inteligencia lúdica hace parte de todas las fases de la existencia humana, desde sus primeras manifestaciones como el juego y la risa, hasta llegar a las de mayor complejidad como el sentido del humor y otra serie de afectaciones ligadas al desarrollo de la ética y la conciencia. En la fase embrionaria-fetal, se caracteriza inicialmente por ser una inteligencia neo-emotiva-psíquica, con la cual el niño intrauterino soluciona problemas relacionados con el hambre, la sed, la libido, el dolor, la angustia y el calor a través de un sistema de un control de alarmas.
En el tercer mes tiene habilidades psicomotrices que le permiten estirarse, patear, saltar en el útero, jugar con el cordón umbilical; no por razones psicológicas precisas, sino porque juega con el ritmo y con su cuerpo. De esta manera, sincroniza dichos movimientos al habla de su madre, creando un vínculo comunicativo y cultural de enormes dimensiones humanas, que le permite el desarrollo apropiado de la dimensión cognitiva.


A los seis meses el feto ya tiene todo su sistema nervioso desarrollado, el cual le permite recordar, oír, rascarse, llorar, ver, experimentar, degustar, chuparse su dedo, reírse, tiene hipo y lo que es más fascinante “aprender”. De hecho, el feto ya tiene formado un sistema biológico, químico y psíquico que le permite desarrollar pensamientos, sensaciones, sentimientos, conciencia y lo que es más importante, altas capacidades de percepción multisensorial y de memoria que hacen que feto recuerde, después de nacer muchas cosas que vivió en el vientre materno. Todo lo anterior permitirá posteriormente, el desarrollo de la inteligencia semántica – simbólica, con la cual ya adquiere grandes posibilidades de solucionar problemas complejos.

Cuando nace el bebé, con su sonrisa social y sus manifestaciones espontáneas de carácter lúdico, hechizan y cautivan a los seres sociales que lo rodean. Más tarde, cuando se apropia de los juegos protagonizados, o de rol, adquiere en forma natural las reglas de la cultura. Es así, como la inteligencia lúdica, es una capacidad, una facultad, una potencialidad, una disposición, una virtud, una competencia, que le permite al sujeto, por medio del juego, comprender al otro, no en un diálogo con la conciencia misma, sino en una relación de complicidad con el otro hablante.

Desde estas perspectivas, la construcción del nuevo concepto de inteligencia lúdica, implica la necesidad de tejer nuevas relaciones entre las disciplinas y las ciencias, como la Neuropedagogía, el Psicoanálisis, la Filosofía, la Psicología Prenatal, Posnatal y Transpersonal. Ésta última disciplina permitió abordar el juego desde una visión holoárquica – holística, de una forma diferente a la que tradicionalmente se ha hecho, y para lo cual el libro presenta dos ensayos dedicados a dicha temática como son: “la visión holoárquica del juego, y las cuatro fases del juego”.

Las teorías utilizadas por el libro para describir y explicar el juego, consistieron en el uso de un mecanismo cartográfico, con el cual se interpretó el juego utilizando un flujo holoárquico de relaciones entre cuatro cuadrantes, que básicamente comprendieron los paradigmas, conductuales, intencionales, culturales y sociales. De ahí, que uno de los propósitos de este libro, sea el de redimensionar algunas proposiciones orientadoras de cada una de los paradigmas, que se han ido construyendo a través de toda la historia del conocimiento y de la cultura. De hecho, las preguntas fundamentales que se intentan resolver, y que necesitan de una visión holoárquica y holística para ser asumidas son: ¿Podrá existir una inteligencia lúdica? ¿Qué sucede en el cerebro humano cuando se juega?


La metodología utilizada en este libro, permite que el lector aborde cualquiera de los capítulos en forma libertaria, ya que en las temáticas tratadas el lector se reencuentra con los mismos conceptos en cada capítulo, desde una visión que intenta ser más compleja, pero a la vez se vuelve más comprensible, ya que las proposiciones y los conceptos abordados en cada capítulo, hacen parte de las categorías siguientes. Este reencuentro de significados o de flujos holoárquicos categoriales (la totalidad de un determinado nivel, siempre hace parte de la totalidad del siguiente nivel), comienza a adquirir utilidad didáctica, en la medida en que cada uno de los lectores intente recrear y comprender en su quehacer cotidiano las teorías expuestas.

El libro, en sus primeros capítulos desarrolla una serie de conceptos básicos desde la psicología prenatal y posnatal, apoyados en las nuevas teorías, de las “matrices perinatales” de Stanislav Grof, para comprender mejor los procesos relacionados con la estimulación intrauterina, la cromoterapia, la sugestopedia y la musicoterapia en el aprendizaje. A partir del capítulo segundo, se desarrollan una serie de conceptos que tienen que ver con las primeras interacciones lúdicas del niño y que describen la importancia que tienen los primeros juegos sociales, la fantasía, el sentido del humor y la sonrisa del bebé.

Los fundamentos teóricos y prácticos de la neuropedagogía, se introducen como transversales en el desarrollo del libro, para intentar hilvanar o tejer los diferentes núcleos temáticos, en los cuales se utiliza como referentes conceptúales, las teorías del cerebro total de Ned Herrmann y Alexander Luria que interpretan al cerebro como un “órgano social”, susceptible de ser modificado a través de procesos educativos. Es así, como cualquier proceso que implique “Neuroplasticidad” o aprendizaje, requiere de la implementación de ambientes de aprendizaje lúdico, recreativo, ético, comunicativo, tecnológico y disciplinar. Lo anterior debe hacerse desde las primeras fases de desarrollo del embrión, a través de una Educación embriónica que interprete el vientre de la madre como la primera escuela a la cual asistimos, en la que aprendemos naturalmente a jugar, amar, reír y a recrear el mundo.

En el tercer capítulo, se presenta las teorías que existen alrededor del juego y dos nuevos enfoques teóricos del autor donde el juego es asumido desde un punto de vista holístico – holoárquico. De igual forma, se abordan una serie de relaciones existentes del juego, con el origen del chiste, el pensamiento metafórico, el sentido del humor, la conciencia y la inteligencia humana. Por otra parte, para intentar consolidar, la propuesta pedagógica que subyace en este libro, sobre la necesidad de fortalecer la inteligencia lúdica desde el vientre hasta la muerte. En el último capítulo sobre ciudad lúdica, inteligente y erótica, se propone la existencia de doce inteligencias múltiples, es decir, cuatro nuevas inteligencias, de las propuestas por Howard Gardner, en la cuál se incluye la inteligencia lúdica que es la base de la discusión teórica y práctica de este libro. También se plantea la necesidad de la implementación a nivel urbano de las “ludotecas inteligentes”, para estimular en la medida de lo posible la inteligencia lúdica y urbana que debe tener los ciudadanos, para que adquieran un verdadero sentido de pertenencia a sus ciudades. De esta manera el sujeto a través del juego adquiere hábitos de comportamiento ético – inteligente con su entorno cotidiano.

Para la comprensión del concepto de inteligencia lúdica, es fundamental entender las nuevas relaciones que se presentan del juego con las inteligencias múltiples, con los juegos tradicionales, con el amor, con el sentido del humor, la metáfora, el afecto, el orgasmo, los arquetipos y la locura, que son en gran medida los itinerarios o desafíos que plantea el libro para interpretar el juego de una forma diferente.

El libro se encuentra apoyado por los siguientes autores: Grof, Jung, Freud, Winnitcott, Duvignaud, Verny, Wilber, Lozanov, Pert, Llinás, Vigotsky, Varela, Capra, Maturana, Wilches, Velásquez, Barthes, Laing, Castoriadis, Margullis, Sagan, Gardner, Koestler, Rubinstein, Morin, Prigogine, Piaget, Hall, Bernstein, entre otros.

La multiplicidad de hipótesis y lecturas que pueden surgir al afrontar los capítulos, desde los mapas emotivos y cognitivos de cada uno de los lectores permitirá que este libro sea utilizado no sólo a nivel pedagógico, sino por sectores de la salud, del arte y de la recreación. Sin embargo, es necesario precisar que este libro no tiene pretensiones académicas, sino que busca una reflexión, un discurso intertextual donde la voz del autor se expresa al unísono con la de otros autores.

Carlos Alberto Jiménez V.
 

 

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